Como niños

12 abril, 2026

Libro: 1 Pedro, Marcos, Mateo

Como niños

La grandeza en el Reino comienza con humildad

En Evangelio de Mateo 18:1-6, los discípulos preguntaron quién sería el mayor en el Reino de los cielos, pero Jesús rompió sus esquemas al colocar a un niño en medio de ellos. Con esto enseñó que la verdadera grandeza no se encuentra en posiciones, logros o reconocimiento humano, sino en un corazón humilde y sencillo. Ser como niños no significa inmadurez, sino dependencia total, confianza genuina y ausencia de orgullo. En el Reino, el que se hace pequeño es el que verdaderamente crece. Dios no busca impresionar, busca corazones rendidos.

La fe sencilla que abre las puertas del Reino

En Evangelio de Marcos 10:15-16, Jesús declara con claridad que quien no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él. Aquí vemos que la fe no se trata de complicaciones teológicas, sino de una confianza pura. Un niño no cuestiona el amor de su padre, simplemente lo recibe. Así es nuestra relación con Dios: no se trata de entenderlo todo, sino de creerle. La gracia se recibe, no se gana. Y muchas veces, los adultos se complican tanto que olvidan lo más esencial: confiar.

Revelación para los sencillos de corazón

En Evangelio de Mateo 11:25, Jesús da gracias al Padre porque las cosas del Reino no fueron reveladas a los sabios y entendidos, sino a los niños. Esto no habla de ignorancia, sino de actitud. Hay corazones que, aunque tengan mucho conocimiento, están cerrados; y hay otros, sencillos y humildes, que están abiertos para recibir. Dios se revela donde hay hambre genuina, donde no hay orgullo intelectual, sino un espíritu dispuesto. A veces, hay que desaprender para volver a creer con pureza.

Deseando la leche espiritual no adulterada

En Primera carta de Pedro 2:1-3 se nos exhorta a despojarnos de todo lo que contamina el corazón —malicia, engaño, hipocresía— y desear, como niños recién nacidos, la leche espiritual. Esto nos muestra que el crecimiento espiritual comienza con un hambre constante por la Palabra de Dios. Un niño llora cuando necesita alimento; de la misma manera, el creyente que ha probado la bondad del Señor desarrolla un deseo profundo por Su presencia. No es una obligación, es un anhelo que nace del amor.

Un llamado a volver al corazón correcto

Ser como niños es volver a lo esencial: depender de Dios, confiar sin reservas, amar sin condiciones y vivir sin máscaras. Es dejar a un lado la autosuficiencia y reconocer que sin Cristo nada podemos hacer. En un mundo que valora la autosuficiencia, el Reino de Dios honra la dependencia. Y aquí está el secreto: cuando nos hacemos pequeños delante de Dios, Él se glorifica en nosotros de una manera grande.

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