Introducción
Hablar de fe inquebrantable no es hablar de una fe que nunca llora, sino de una fe que no se rinde. Porque seamos sinceros: todos queremos la fe de los testimonios gloriosos, pero nadie quiere el proceso… y ahí es donde entra Job, sin pedir permiso y sin anestesia espiritual.
Job no es un cuento bonito para animarnos un domingo; es una radiografía del corazón humano cuando todo se cae y Dios parece guardar silencio.
1. Una fe probada, no prestada
Job 1:1–22
Job era íntegro, recto, temeroso de Dios… y aun así perdió todo: bienes, hijos, estabilidad. Y aquí viene lo sorprendente:
“Jehová dio, Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito”.
Job no adoró porque entendía, adoró porque confiaba.
Eso es fe inquebrantable: cuando ya no tienes explicaciones, pero sigues teniendo reverencia.
A veces pensamos que la fe nos libra del dolor, pero la Biblia nos muestra que la fe nos sostiene en medio del dolor.
Dios no perdió el control ese día… aunque Job sintiera que todo estaba fuera de control.
2. Cuando el cielo guarda silencio
Job 2:1–13
Ahora Job pierde su salud. Ya no queda nada externo que sostenerse. Está cubierto de llagas, sentado en ceniza. Y aparecen los amigos… esos que no dicen nada al principio (y ahí fue cuando mejor lo hicieron).
Hay momentos en que la fe no grita “¡Aleluya!”,
solo permanece.
Y permanecer ya es una victoria.
Fe inquebrantable no es sentirte fuerte, es no soltar a Dios cuando te sientes débil.
3. El consejo bien intencionado… pero equivocado
Mateo 16:22–23
Pedro ama a Jesús, pero intenta evitarle la cruz.
Jesús responde con firmeza porque incluso el amor mal enfocado puede desviarnos del propósito de Dios.
Así como Pedro, muchos quieren una fe sin cruz, un evangelio sin proceso, una gloria sin sacrificio.
Pero una fe inquebrantable entiende que el camino de Dios no siempre es cómodo, pero siempre es correcto.
No todo consejo que suena lógico viene del cielo.
Job lo aprendió. Jesús lo confrontó. Nosotros también debemos discernirlo.
4. La declaración que define la fe
Job 13:15
“Aunque Él me matare, en Él esperaré”.
Esto no es fatalismo.
Esto es confianza absoluta.
Job está diciendo: “No entiendo lo que haces, pero sé quién eres”.
Aquí la fe deja de depender de los resultados y se ancla en el carácter de Dios.
Si Dios bendice, confío.
Si Dios guarda silencio, confío.
Si el proceso duele… también confío.
Eso es fe inquebrantable.
Conclusión
La fe inquebrantable no nace en los días fáciles,
se forja en las noches largas.
No se alimenta de explicaciones,
sino de una relación viva con Dios.
Y aquí está la buena noticia (respira tranquilo 😌):
Job no sabía lo que venía después…
pero nosotros sí sabemos que Dios sigue siendo bueno,
que Cristo es nuestra esperanza,
y que la gracia de Dios es suficiente, aun cuando la fe tiembla, pero no se rompe.
Porque al final, la fe inquebrantable no es creer que todo saldrá como queremos,
sino creer que Dios sigue siendo Dios pase lo que pase.
Que el Señor fortalezca nuestra fe,
no para evitar la prueba,
sino para permanecer firmes en Él.
Amén.