Hermano, hermana… adoración no es un plan B cuando todo sale mal.
La adoración es el plan A del cielo para cada temporada de nuestra vida.
Habacuc lo entendió cuando dijo:
“Aunque la higuera no florezca… con todo, yo me alegraré en Jehová” (Hab. 3:17–18).
Eso no es positivismo barato, eso es fe madura. Eso es una vida entera dedicada para adorar, aun cuando el panorama parece más desierto que vergel.
Adorar cuando la mente es renovada
Hay una verdad muy clara:
si no recuperamos la mente, un día no podremos adorar correctamente.
La adoración verdadera nace de una mente renovada por la Palabra.
Por eso Romanos 12:1–2 nos sacude con amor y nos dice:
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”.
Hermano, cuando practicas esta Palabra, tu mente se va afinando como instrumento nuevo.
Y entonces entiendes que la adoración no es un momento… es el centro de tu vida.
No es conformismo espiritual.
No es “así soy yo”.
No es “ya Dios entiende”.
Esta no es una iglesia de conformarse.
Es una iglesia que dice: “Señor, quiero más de Ti hoy que ayer, y mañana más que hoy”.
Adoración: una vida ofrecida, no solo una canción
La Biblia no dice: “canten un sacrificio”.
Dice:
“presentad vuestros cuerpos en sacrificio vivo” (Ro. 12:1).
Jesús dio Su vida una sola vez, y fue suficiente para salvarnos.
Pero nosotros entregamos la nuestra cada día como respuesta de amor.
Adorar no es solo levantar las manos el domingo.
Es levantar la obediencia el lunes.
Es glorificar a Dios cuando nadie aplaude.
Es honrarle en casa, en el trabajo, en la calle… incluso en el tráfico (ahí es donde se prueba la santidad).
Adorar en medio de la dificultad
Hechos 16:25 nos recuerda algo poderoso:
“Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios… estando presos”.
No esperaron a que se abrieran las puertas para adorar.
Adoraron y entonces las puertas se abrieron.
A veces queremos que el muro caiga primero…
pero Dios dice: “Adora primero”.
No fue en la primera alabanza.
Ni en la segunda.
Ni siquiera en la tercera.
Pero no dejaron de adorar.
Hermano, quizá no sea en el primer intento.
Tal vez no sea en el segundo.
Pero si no es en el tercero, será en el cuarto…
pero no sueltes la adoración.
La adoración rompe cárceles.
La adoración quiebra muros.
La adoración libera a los oprimidos.
No porque la canción sea especial, sino porque Dios habita en medio de la alabanza.
La adoración que Dios busca
Jesús lo dejó clarísimo en Juan 4:24:
“Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”.
No es un lugar.
No es un estilo musical.
No es una emoción pasajera.
Es una vida alineada con la verdad, rendida al Espíritu, dependiente de la gracia.
Adorar en espíritu es depender de Él.
Adorar en verdad es rendirle todo.
Todo lo que respira, adore
El Salmo 150:6 no deja excusas:
“Todo lo que respira alabe a Jehová”.
Mientras haya aliento, hay propósito.
Mientras haya vida, hay adoración.
Si hoy respiras, Dios no ha terminado contigo.
Si hoy adoras, Él está obrando aunque no lo veas.
Hermano, no importa la situación que estés viviendo.
No importa lo que hayas perdido.
Dios puede restaurarlo todo.
Pero hay una invitación clara del cielo:
renueva tu mente
rinde tu voluntad
vive adorando
Que tu oración sea sencilla y poderosa:
“Señor, no quiero hacer mi voluntad, quiero vivir la Tuya.
Mi vida entera está dedicada para adorarte”.
Y cuando eso sucede…
tu vida cambia.
Tu casa cambia.
Tu historia cambia.
Porque una vida rendida es la adoración más hermosa que Dios recibe.
Dios es fiel y bueno en todo tiempo ,, Amen.
Amén mi hermano Mauricio siempre Dios es fiel a su palabra y bueno con nosotros.