Introducción
Hay momentos en la vida en los que sentimos que hemos llegado al techo… que ya no podemos más… que nuestras fuerzas son como Wi-Fi de cafetería: débiles, intermitentes y que a veces solo funcionan cuando estamos pegados al router.
Pero ahí, justo ahí, es donde el Señor nos recuerda que la gracia no se agota, que Cristo no nos suelta y que la perseverancia en Él siempre rompe límites.
Porque no es nuestra fuerza… es la de Aquel que venció la muerte.
1. Naaman: El orgullo que casi lo dejó enfermo
(2 Reyes 5:9-14 / 2 Reyes 5:10)
Naaman llega ante Eliseo con comitiva, caballería y seguramente esperando un recibimiento digno de TikTok: luces, aplausos, efectos especiales… ¡el “momento profético viral”!
Pero Eliseo ni sale a verle. Le manda un mensajito sencillo:
“Ve y lávate siete veces en el Jordán.” (2 Rey. 5:10)
Naaman esperaba lo espectacular…
Dios le pidió lo simple.
Y ahí está el primer límite que la perseverancia rompe: el límite del orgullo.
A veces queremos que Dios nos sane “a nuestra manera”, que abra puertas “como yo imagino”, que me use “como yo lo soñé”.
Pero la verdadera fe persevera incluso cuando la instrucción no me gusta, cuando parece repetitiva, cuando parece poco espiritual.
La perseverancia humilde abre lo que el orgullo cierra.
2. Perseverar es obedecer aunque no vea resultados al principio
Naaman tuvo que meterse siete veces.
Imagínate a Naaman después del tercer chapuzón:
“¿Y esto es todo? ¿Meterme otra vez en este río que parece más marrón que café con leche?”
Pero la obediencia perseverante no espera “sentir algo”…
Es la obediencia la que activa lo que Dios prometió.
3. Lo que necesitamos es resistencia espiritual
Hebreos 10:36 dice:
“Porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.”
La promesa no es para el que comienza…
es para el que mantiene el paso.
La paciencia bíblica no es pasividad.
Es convicción que no se rinde aunque la emoción baje, aunque el cansancio aparezca, aunque las circunstancias no cambien de inmediato.
4. Perseverancia firme, no emocional
1 Corintios 15:58 declara:
“Estad firmes y constantes… sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.”
En Cristo nada es perdido:
- Ninguna oración fue desperdiciada.
- Ninguna lágrima cayó sin propósito.
- Ninguna semilla quedó sin fruto.
Nuestro esfuerzo en Él no está sujeto a la economía, al estado de ánimo ni al algoritmo de redes sociales.
Está sujeto a la fidelidad de Dios.
5. La meta final: llegar hasta el final con fe
2 Timoteo 4:7 nos muestra el testimonio de Pablo:
“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.”
No dijo “he ganado todas las batallas”.
Dijo “he peleado”…
y eso ya es victoria.
Dios no te pide perfección; te pide perseverancia.
Él no busca héroes, busca corazones que digan:
“Señor, aquí sigo… en tu gracia… aunque sea a pasitos chiquitos, pero sigo.”
Conclusión: La perseverancia que rompe límites
La perseverancia en Cristo:
- rompe el límite del orgullo (como Naaman),
- rompe el límite del cansancio,
- rompe el límite de mis dudas,
- rompe el límite de mi pasado,
- rompe el límite de lo imposible…
Porque cuando persevero en la gracia, no camino solo.
Camino sostenido por el poder del Señor Jesús.
Y si Él está contigo, ningún techo es definitivo.
Él hace que el que hoy se siente al borde del colapso… mañana sea testimonio de victoria.
Que bendición, este mensaje ademas de chistoso es bastante edificante. Que Dios les siga bendiciendo.