Vivimos en una época donde todo compite por nuestra atención: noticias, problemas, redes, preocupaciones… y hasta el enemigo hace “spam espiritual”.
Pero la Biblia no nos dice “pon los ojos en la tormenta”, ni “pon los ojos en el problema”, sino:
“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:2).
La dirección de nuestros ojos determina la condición de nuestro corazón. Donde miramos, allí caminamos.
Cuando quitamos los ojos de Jesús, llega la inquietud
Job 3:26
“No tengo paz, no tengo sosiego; no tengo reposo, sino que me viene turbación”.
Job no estaba pecando, estaba sufriendo. Incluso los justos atraviesan temporadas donde la paz parece esconderse.
Pero ojo con esto: el sufrimiento no es ausencia de Dios, es muchas veces el escenario donde Él se revela con más gloria.
La inquietud llega cuando:
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- Miramos más el problema que la promesa
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- Escuchamos más el ruido que la voz de Dios
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- Calculamos con fuerzas humanas lo que solo se resuelve con gracia divina
Jesús está en la barca, aunque parezca dormido
Marcos 4:35–41
Los discípulos estaban con Jesús… y aun así había tormenta.
Dato importante: obedecer a Jesús no nos exime de las tormentas, pero sí nos garantiza Su presencia en ellas.
Mientras ellos gritaban, Jesús dormía.
No porque no le importara, sino porque Él tenía paz.
Y aquí viene la lección:
La tormenta no se calma primero afuera, se calma primero adentro.
Cuando Jesús se levanta y reprende al viento, también les pregunta:
“¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?”
Traducción pastoral: “¿Por qué miras tanto la ola y tan poco al que creó el mar?”
El Dios que abre caminos donde no los hay
Salmos 114:1–8
Este salmo nos recuerda que:
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- El Jordán se volvió atrás
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- La roca se convirtió en manantial
Cuando Dios entra en escena, la naturaleza obedece.
¿Sabes por qué? Porque todo reconoce a su Creador… excepto a veces nosotros.
Cuando ponemos los ojos en Jesús:
La paz de Cristo no es ausencia de problemas, es presencia de Dios
Filipenses 4:6–7
Juan 14:27
Jesús no prometió una vida sin aflicciones, prometió Su paz.
“Mi paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da”.
La paz del mundo depende de que todo esté bien.
La paz de Cristo depende de que Él esté contigo.
Por eso Pablo dice:
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- Preséntalo todo en oración
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- Y la paz de Dios guardará tu corazón
No dice “te explicará todo”, dice “te guardará”.
Porque a veces Dios no cambia la situación… cambia tu interior.
Echa tu carga, no la cargues
1 Pedro 5:7
“Echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros”.
No dice una parte, dice toda.
Dios no se cansa, no se abruma, no dice: “esto ya es mucho para Mí”.
Nosotros nos cansamos porque cargamos cosas que nunca nos tocaron cargar.
Jesús no es un refuerzo emocional, es el Salvador.
Aun en el fuego y en el agua, Él está contigo
Isaías 43:1–2
Salmos 34:19
“Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová”.
No dice “el justo no tendrá aflicciones”.
Dice que no se quedará en ellas.
Si estás pasando por aguas profundas:
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- No te ahogarás
Si estás en el fuego:
¿Por qué?
Porque tus ojos no están en el problema, están en Jesús.
Conclusión
Hebreos 12 nos llama a correr la carrera con los ojos puestos en Jesús, no en:
Jesús es:
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- El autor (el que empezó la obra)
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- Y el consumador (el que la va a terminar)
Así que hoy el Espíritu Santo nos recuerda:
Levanta la mirada
Vuelve a fijar tus ojos en Cristo
Descansa en Su gracia
Porque cuando Jesús es tu enfoque, la paz no depende de las circunstancias, depende de quién gobierna tu corazón.
Amén