Hay una verdad que Jesús no disfraza ni endulza: seguirle lo cambia todo. No es un reto motivacional ni una mejora espiritual tipo “antes y después”. Es una rendición total. Y sí… suena radical, pero también es gloriosamente liberador.
Jesús nunca dijo: “añádeme a tu agenda”. Él dijo: “sígueme”. Y cuando Él llama, llama completo.
1. Perder para ganar de verdad
📖 Mateo 16:25-26
Jesús nos lanza una de esas frases que descolocan al ego espiritual:
“El que quiera salvar su vida, la perderá…”
El problema no es tener sueños, planes o metas. El problema es aferrarnos a ellos más que a Cristo. Queremos salvar nuestra vida, controlarla, asegurarla… y en el intento la perdemos.
Aquí entra la gracia: cuando soltamos el control, Dios toma el timón. Y créeme, Él conduce mejor que nosotros (incluso sin GPS).
¿Qué aprovecha ganar el mundo entero y perder el alma? Nada. Es como comprar un castillo… sin puertas por dentro.
2. Renunciar no es perder, es confiar
📖 Lucas 14:33
Jesús es claro:
“El que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.”
Renunciar no es volverse pobre por obligación, es dejar de ser poseído por lo que poseemos. Es decirle a Dios:
“Todo lo que soy y tengo es tuyo”.
La fe no se trata de cuánto tienes, sino de quién gobierna tu corazón.
3. Una vida entregada como adoración
📖 Romanos 12:1
Pablo no habla de sacrificios muertos, sino sacrificios vivos. Eso implica que el sacrificio se mueve, piensa… y a veces quiere bajarse del altar.
Presentar nuestra vida a Dios no es un acto religioso, es una respuesta a su misericordia. La gracia no nos empuja por miedo, nos atrae por amor.
4. Ya no vivo yo… y eso es una buena noticia
📖 Gálatas 2:20
“Con Cristo estoy juntamente crucificado…”
El evangelio no maquilla el viejo yo, lo crucifica. Y no para dejarnos vacíos, sino llenos de Cristo.
Morir al yo no es tragedia, es libertad. Porque el yo siempre exige, Cristo siempre da.
5. Contarlo todo como pérdida por Cristo
📖 Filipenses 3:7-8
Pablo tenía currículo, reputación y logros espirituales. Y aún así dice:
“Lo tengo por basura…”
No porque fueran malos, sino porque no se comparan con conocer a Cristo. Cuando Jesús se vuelve tu mayor tesoro, todo lo demás encuentra su lugar correcto.
6. Levántate y sígueme: empezar de nuevo
📖 Mateo 9:9
Mateo estaba trabajando, cómodo, con su vida armada. Jesús pasó y dijo dos palabras:
“Sígueme”.
Mateo no negoció, no pidió tiempo, no dijo “déjame pensarlo”. Se levantó… y comenzó de nuevo.
Así es la gracia: no te exige limpiar tu pasado, te invita a dejarlo.
Conclusión
Renunciar a todo no es el final, es el comienzo.
Perder la vida en Cristo es encontrar la verdadera vida.
Morir al yo es despertar a la gracia.
Hoy Jesús sigue pasando, sigue llamando, sigue diciendo:
“Sígueme”.
Y cuando lo haces, no empiezas de cero…
empiezas desde la cruz, y con Cristo viviendo en ti.
Ánimo. Rendirse a Jesús no te quita nada que valga la pena.
Al contrario… te lo da todo.