Separado de mi nada puedes hacer

1 febrero, 2026

Libro: 1 Juan, Juan

Separado de mi nada puedes hacer

Jesús no anda con rodeos. No dice: “separado de mí te costará un poco” ni “será más difícil”. Él lo dice claro, directo y con amor:
“Separado de Mí, nada podéis hacer.”

Nada es nada.
No poco.
No algo.
Nada.

Y aquí es donde nuestra carne se incomoda un poco… porque nos gusta pensar que podemos solos, que con experiencia, talento o buenas intenciones alcanza. Pero el Reino de Dios no funciona por autosuficiencia, funciona por dependencia.

La buena noticia es que Jesús no nos dice esto para desanimarnos, sino para liberarnos. Porque si todo depende de Él, entonces la carga ya no está sobre nosotros.

Cristo es la vid, nosotros los pámpanos Juan 15:1–5

Jesús se presenta como la vid verdadera.
No una opción más.
No una vid alternativa.
La verdadera.

Y nosotros somos los pámpanos. El pámpano no produce fruto porque se esfuerza, sino porque permanece unido a la vid.

El problema no es que no demos fruto…
El problema es cuando intentamos dar fruto desconectados.

Hay creyentes cansados porque están intentando producir lo que solo fluye por conexión.
Quieren gozo sin comunión.
Quieren fruto sin intimidad.
Quieren resultados sin relación.

Y Jesús nos recuerda con ternura y firmeza:
“El que permanece en Mí, y Yo en él, éste lleva mucho fruto.”

Mucho fruto no viene de hacer más, sino de permanecer mejor.


Permanecer en Su palabra nos hace libres

Juan 8:31–32

Jesús dijo:
“Si vosotros permanecéis en Mi palabra, seréis verdaderamente Mis discípulos.”

Permanecer no es leer la Biblia de vez en cuando como quien revisa mensajes. Permanecer es habitar, es vivir ahí, es dejar que la Palabra nos lea a nosotros.

Y el resultado es glorioso:
“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.”

No libres por conocimiento intelectual, sino libres porque Cristo es la Verdad.
La verdad no es una idea, es una Persona.

Separados de Él, vivimos esclavos del esfuerzo, del miedo y del “tengo que”.
Unidos a Él, caminamos en la libertad del “ya está hecho”.


Permanecer es obedecer desde la relación, no desde la obligación 1 Juan 3:24

La Palabra dice:
“El que guarda Sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él.”

Esto no habla de legalismo, habla de amor.
No obedecemos para que Dios nos ame.
Obedecemos porque Él ya nos amó primero.

La obediencia no es la raíz, es el fruto.
El fruto de una vida conectada.

Cuando estamos unidos a Cristo, obedecer deja de ser pesado y se vuelve natural. Como el fruto que brota sin hacer ruido, sin anuncios, sin estrés.


Aplicación práctica

Déjame decirlo simple y con un poco de humor santo :
Un cristiano separado de Cristo es como un móvil sin batería… puede ser muy bonito, pero no sirve para mucho.

La pregunta no es:
¿Cuánto estás haciendo para Dios?
Sino:
¿Cuánto estás permaneciendo en Cristo?

Tal vez hoy el Espíritu Santo no te llama a hacer más, sino a volver a la vid.
A reconectar.
A descansar.
A dejar de intentar impresionar a Dios y simplemente permanecer en Él.


Conclusión

Jesús no nos llamó a producir solos, nos llamó a permanecer en Él.
Separados de Él, nada podemos hacer.
Pero unidos a Él… el fruto es inevitable.

Cristo es suficiente.
Cristo es la fuente.
Cristo es nuestra vida.

Y cuando permanecemos en Él, no solo damos fruto, damos mucho fruto, para la gloria de Dios y el gozo de nuestras vidas.

Amén.

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