Valientes

28 diciembre, 2025
Valientes

Hay una valentía que no hace ruido, no levanta espada ni presume fuerza. Es la valentía que nace de confiar plenamente en Dios. Esa es la valentía que el Señor está formando en nosotros.

1. El Reino es para los valientes (Mateo 11:12–28)

Jesús dice algo que sacude: “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan”.
No está hablando de golpes ni de guerras, sino de determinación espiritual. El Reino no es para los tibios, es para los que deciden creer cuando todo parece decir lo contrario.

Ser valiente aquí es atreverse a dejar la carga, a venir a Cristo cansado, roto, sin máscaras. Porque —y aquí viene la paradoja gloriosa— el valiente no es el que aguanta solo, sino el que corre a Jesús y dice: “Señor, ya no puedo sin Ti”.
Y Cristo responde con gracia: “Venid a mí… y yo os haré descansar”.
Descansar también es un acto de valentía.

2. Valentía que produce frutos (Lucas 3:4–13)

Juan el Bautista predicaba en el desierto, sin luces, sin aplausos y sin redes sociales (ni siquiera Wi-Fi celestial 😄). Su mensaje era claro: arrepentimiento que se nota en la vida diaria.

Cuando la gente pregunta: “¿Qué haremos?”, Juan no da discursos místicos complicados. Dice cosas prácticas: compartir, actuar con justicia, vivir con integridad.
Ser valiente no es solo sentir bonito en la iglesia, es vivir diferente afuera. Es dejar hábitos, actitudes y pecados que ya no combinan con la nueva vida en Cristo.

La gracia no nos deja igual, nos transforma.

3. El dominio propio: valentía silenciosa (Proverbios 16:32)

La Palabra nos sorprende otra vez:
“Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu que el que toma una ciudad.”

Aquí Dios redefine el heroísmo.
El valiente no es el que explota, sino el que se controla.
No es el que grita más fuerte, sino el que confía más profundo.

Dominar el carácter, perdonar cuando duele, callar cuando el ego quiere hablar… eso sí requiere valentía. Y solo es posible cuando el Espíritu Santo gobierna nuestro corazón.

4. Esfuérzate y sé valiente (Josué 1:1–9)

Dios le habla a Josué en un momento crítico. Moisés ha muerto. El líder se fue. El futuro asusta.
Y Dios no le promete una vida fácil, le promete Su presencia.

Tres veces le dice: “Esfuérzate y sé valiente”.
¿Por qué? Porque no estaría solo: “Jehová tu Dios estará contigo dondequiera que vayas”.

La valentía cristiana no nace de la autoconfianza, nace de saber quién camina contigo. Si Dios va delante, no importa cuán grande sea el Jordán.

5. Flechas en manos del valiente (Salmos 127:4)

El salmo dice: “Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud.”
Aquí vemos que la valentía también mira al futuro. Dios nos llama a formar, cuidar y lanzar flechas con propósito: generaciones que conozcan Su gracia.

Ser valiente es invertir en lo eterno, aunque no siempre se vean resultados inmediatos. Es creer que Dios sigue obrando más allá de lo que hoy vemos.

Conclusión

Ser valientes no significa no tener miedo. Significa no dejar que el miedo decida por nosotros.
Somos valientes porque Cristo venció primero.
Somos valientes porque vivimos bajo la gracia, no bajo la condenación.
Somos valientes porque el Espíritu de Dios habita en nosotros.

Y si hoy te sientes cansado, Jesús no te dice “esfuérzate más”, te dice: “Ven a mí”.
Ahí empieza la verdadera valentía.

Que el Señor nos levante como una generación de valientes… humildes, firmes y llenos de Su gracia. Amén.

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