Josué 24:15–16
Josué no dijo: “yo y mi casa cuando tengamos tiempo”
Ni: “yo y mi casa cuando todo esté perfecto”.
Dijo con convicción, con los pies firmes y el corazón rendido: “serviremos al Señor”.
Esto no es solo una frase bonita para colgar en la pared del salón; es una decisión espiritual. Josué entendió algo poderoso: alguien tiene que liderar espiritualmente el hogar. Y él dijo: empiezo yo.
El pueblo respondió:
“Lejos esté de nosotros abandonar al Señor”
Cuando alguien se planta en fe, otros se animan a seguir. La fe es contagiosa.
Un hogar que ora, confía y descansa
1 Juan 5:15 nos recuerda:
“Si sabemos que Él nos oye en cualquier cosa que pidamos…”
No dice “tal vez”, no dice “si Dios está de buen humor”.
Dice: sabemos.
Un hogar que sirve al Señor es un hogar que ora con confianza, no con miedo. Oramos sabiendo que Dios no ignora, Dios responde.
Dios hace más de lo que imaginamos (sí, más)
A veces pedimos poco porque pensamos pequeño. Pero Efesios 3:20 nos sacude la fe:
“Aquel que es poderoso para hacer mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos…”
Dios no trabaja con calculadora humana.
Él obra por gracia, no por mérito.
Cuando una casa decide servir al Señor, Dios se encarga de hacer lo que la casa no puede.
Todo comienza y termina en Él
Y aquí aterrizamos con Romanos 11:36:
“Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas”.
Nuestra familia es de Él.
Nuestro matrimonio es por Él.
Nuestros hijos, nuestros planes, nuestro futuro… para Él.
Servir al Señor no es una carga, es un privilegio. No es religión, es relación. No es perfección, es dependencia diaria de Cristo, nuestro único Señor y Salvador.
Cierre
Hoy declaramos con fe y con gozo:
Yo y mi casa serviremos al Señor.
Aunque vengan desafíos, aunque no todo sea fácil, aunque no tengamos todas las respuestas… tenemos a Cristo, y eso lo cambia todo.
Y si alguna vez dudas, recuerda: Dios no falla, no llega tarde y no se equivoca de familia.
Él edifica casas… y permanece en ellas 🏠✨.
Amén.