¿QUIÉN ES TU PRIORIDAD?
Deuteronomio 6:5-9 nos enseña que Dios no debe ocupar simplemente un lugar dentro de nuestras prioridades, sino que debe ser la prioridad de todas ellas. Podemos tener metas, trabajo, familia, proyectos y diferentes responsabilidades, pero cuando Dios ocupa el primer lugar, todo lo demás comienza a tomar su posición correcta.
Jesús lo confirma en Mateo 22:37-38, cuando enseña que el primer y más grande mandamiento es amar a Dios con todo nuestro corazón, alma y mente. Esto significa que nuestra relación con Dios no puede quedar para después. Cuando Él es nuestra prioridad, nuestras decisiones, nuestra familia, nuestro matrimonio, nuestro trabajo y nuestra manera de vivir comienzan a alinearse con Su voluntad.
Mateo 6:33 declara: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia”. El orden es importante: primero Dios, después lo demás. Muchas veces queremos que Dios arregle nuestras circunstancias mientras nosotros seguimos colocando otras cosas por encima de Él. Pero cuando ponemos al Señor en el primer lugar, aprendemos a confiar en Él y a ordenar nuestra vida conforme a Su Palabra.
En la familia también debemos establecer este orden. Efesios 5:25 llama al esposo a amar a su esposa de una manera sacrificial, siguiendo el ejemplo de Cristo. Cuando Dios ocupa el centro del hogar, cada miembro aprende a vivir conforme a los principios de Su Palabra. La prioridad de Dios puede traer dirección, restauración y orden a nuestras relaciones.
Esta prioridad también debe reflejarse en nuestro trabajo y en todo lo que hacemos. Colosenses 3:23-24 nos enseña a hacer todas las cosas de corazón, como para el Señor. No trabajamos únicamente para agradar a los hombres; nuestra vida entera debe convertirse en una expresión de honra a Dios.
Cuando Dios ocupa el primer lugar, lo demás comienza a alinearse. No significa que desaparecerán automáticamente todos los problemas, pero sí que tendremos una nueva dirección para enfrentarlos. Nuestra familia, nuestras decisiones, nuestros proyectos y nuestras circunstancias pueden ser llevados delante de Dios para que Él establezca Su orden y propósito.
La pregunta no es si tenemos prioridades, porque todos las tenemos. La verdadera pregunta es: ¿quién ocupa el primer lugar en nuestra vida? Si Dios es nuestra prioridad, entonces todo lo demás debe ocupar el lugar que le corresponde.